EL "PROTAGONISTA" MENOS PENSADO: JULIO BARRAZA



Y la noche de Junín, tuvo un protagonista tan impensado como determinante para el resultado final del encuentro... ¿Emiliano Mayola, el capitán del Gallo, autor de un gol, luego de largo tiempo?..., ¿Nicolás Miracco, responsable del empate de Sarmiento y del penal malogrado para el local?... Ninguno de los dos, ni los 20 jugadores restantes en el campo de juego.


En efecto, el "protagonista" decisivo y exclusivo de una jornada vergonzosa en el "Eva Perón", no resultaría otro que Julio Barraza, responsable de dos sanciones inconcebibles, que privarían "arbitraria" (¿será que de allí proviene la etimología de "árbitro"?) y antojadizamente de un triunfo que Morón mereció y justificó durante los '90 de juego, de un gran partido ante el líder del torneo, de no mediar la intermediación incalificable de un Barraza imperdonable en sus groseros desaciertos, para no incurrir en el fangoso terreno de la buena o mala fe de los "hombre de negro" (ahora de "amarillo").


Es que corría el minuto 24 del segundo tiempo, y tras el certero "testazo" de Mayola, luego del tiro libre desde la izquierda de Nicolás Martínez, el Deportivo Morón justificaba la victoria parcial y dominaba las acciones y los tiempos de un partido con Sarmiento en Junín, donde los roles parecían haberse invertido, y el local que deambulaba incómodo ante su gente, no podía justificar su posición de privilegio en la tabla de posiciones, y mucho menos generarle peligro a una visita que llegó con la ambición de quedarse con los tres puntos, y lo estaba logrando con absoluta justicia, superando a su rival individual y colectivamente.


Sin embargo, un Julio Barraza que, llamativamente, había tenido una buena actuación al cabo de los primeros '45, tras el centro de Yamil Garnier, a la altura del borde del área grande de Morón, Nicolás Orsini (y otro de sus compañeros), habría de partir en búsqueda de la pelota, no menos de tres metros adelantado, razón por la cual la última línea visitante se quedaría "parada", en espera de la sanción del árbitro asistente, algo que jamás existiría y pese a no tomar contacto con el balón, pese a intentarlo en el salto, invalidando de manera inequívoca cualquier acción posterior, Barraza permitiría que la pelota continuara su curso rumbo a Nicolás Miracco, sobre el sector opuesto, quien luego de eludir a Bruno Galván anotaría el empate de Sarmiento, provocando la reacción airada de todo Morón, dentro y fuera de la cancha, ante lo inverosímil de una jugada, que debió ser invalidada en la previa, por la posición adelantada de Orsini, cuya intervención en grado de "tentativa", provocara que Galván se preocupara más por evitar la intervención del "9", que por ejemplo, de cortar el centro con destino a Miracco, autor de un gol que jamás debió ser convalidado.


Por si fuera poco, con un Morón desencajado ante el "despojo" arbitral, a poco menos de diez para el final del encuentro, luego de un forcejeo normal por la posesión de una pelota, de trayectoria paralela al arco, casi sobre la "margen" derecha del área, Barraza sancionaría una penal absurdo, por una infracción inexistente de Mariano Bracamonte (otra vez, de gran partido, confirmando todo lo bueno demostrado en el debut frente a Quilmes), para que Nicolás Miracco tuviese la oportunidad de dar vuelta un partido que el local perdía y de manera merecida, hasta que el árbitro se erigiese en protagonista excluyente, para "favorecer" al puntero en la búsqueda de un triunfo impensado e inmerecido.


Sin embargo, la "justicia" actúa muchas veces de manera "misteriosa", será por eso que el remate del "7" de Sarmiento impactaría en la base del poste izquierdo de Galván, ya jugado sobre su lado opuesto, para evitar la consumación de una injusticia aún mayor, incluso ante el rebote capturado por Nicolás Orsini, que se perdería cerca del palo diestro del "uno" de Morón.


Mientras el Gallo trataba de recobrar la compostura y evitar, por ejemplo, alguna expulsión, en los minutos finales contaría con un par de ocasiones como para llevarse el triunfo que fue a buscar, como el remate de Bracamonte que daría en el vértice zurdo del arco de Manuel Vicentini, u otro de Junior Mendieta, que apenas se iría por encima del "horizontal".


Pese al enojo y la amargura por la sensación lógica de "despojo", ante el pitazo final del árbitro, que los últimos minutos de adicional, los jugaría a "media luz", por un apagón en buena parte de la iluminación artificial del estadio, para redondear una actuación impresentable, el equipo de Alejandro Méndez y Walter Pico abandonaría el "Eva Perón" con el saldo positivo de una gran actuación, donde resultara superior al líder del certamen, en varios pasajes de los '90, y que en términos de merecimientos, dentro de un partido normal y no desnaturalizado por los erráticos fallos, se hubiese vuelto al Oeste seguramente con los tres puntos (si bien el empate, es de por sí valioso), de no mediar la intervención "protagónica" del menos pensado: Julio Barraza.


A "masticar" la bronca y pensar en Brown de Adrogué (el próximo sábado 9, a las 17), que se está por el buen camino, a pesar de todo y de todos.




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