"EL GALLO, EL 'LOBO' DEL GALLO"...

25.9.2018

 

En un día y horario atípicos (lunes a las 15:30) y ante un escenario tan silencioso como desusado para el Deportivo Morón, acostumbrado siempre al aliento permanente de su fiel, seguidora y numerosa gente, el equipo de Walter Otta no pudo pasar del empate en cero ante Gimnasia y Esgrima de Mendoza, pese a jugar con un hombre más, desde los '35 del primer tiempo, y si bien contó con varias situaciones de riesgo para quedarse con el encuentro, su falta de ideas en la generación de juego, sumada a su preocupante anemia ofensiva (convirtió un solo gol en cuatro partidos, y hace tres que no grita uno), lo terminaron privando de un triunfo merecido en el balance final de los '90, más por prepotencia de intenciones y empuje anímico, que por razones futbolísticas convincentes.

 

En efecto, a puertas cerradas y con la urgencia numérica de no haber sumado de a tres en la temporada, el Gallo volvía al Oeste con la intención de comenzar a cancelar "deudas" futboleras y de imagen colectiva, recibiendo a un "Lobo" mendocino de juego atildado e interesantes individualidades, bien conducidas por un experimentado José María "Chaucha" Bianco y con seis unidades sobre nueve posibles.

 

Así las cosas, y pese a las previsiones, resultaría la visita quien asumiría el rol protagónico durante buena parte del primer tiempo, obligando al Deportivo Morón y sus necesidades a jugar de contra, tal vez e inconscientemente, ante la extraña sensación de un Nuevo Francisco Urbano despojado de color y de calor, y con un silencio "atroz", propio de cualquier estadio visitante.

 

Con el buen andar de Lucas Baldunciel, por el flanco derecho del ataque mendocino, bien acompañado en ofensiva por Mateo Acosta, su referencia de área y por Patricio Cucchi, en la elaboración de juego, el "Lobo" intentaría "comerse" al Gallo en aquellos primeros minutos, con la pelota parada como principal argumento y un remate en el palo, que habría de "salvar" providencialmente al arco de, precisamente, Julio (Salvá).

 

Como contrapartida, un Morón nervioso y hasta apurado, por intentar revertir el mal comienzo de temporada, sorprendía con el cambio de sistema táctico, hacia uno mucho más ofensivo del acostumbrado, con un solo volante central de contención, Matías Nizzo (de buen partido, en especial durante el lapso que estuvo en cancha, en el complemento), Román Martínez a su lado, alternando funciones de quite y primer pase ofensivo, según la ocasión, dos volantes externos rápidos y que se sumarían permanente al ataque por ambas puntas, como Nicolás Ramírez y Junior Mendieta (a la postre, el valor más destacado del equipo) y finalmente dos referencias en el área, con Facundo Pumpido y la vuelta a la titularidad, luego de largo tiempo, de Damián Akerman.

 

Superados aquellos primeros minutos de control de las acciones, por parte de la visita, el equipo de Walter Otta contaría con un par de oportunidades claras para abrir el marcador, alguna en los pies de Mendieta, alguna en la cabeza de Akerman, pero como producto de acciones individuales, en el primer caso y de pelota parada, en el segundo, ante la ausencia de juego asociado y de ideas en terreno rival.

 

Sobre los '35 de la etapa inicial, una acción circunstancial terminaría con la expulsión de Gabriel Fernández, el primer zaguero central visitante (en apariencia, ante una golpe a Facundo Pumpido, advertido por Luis Alvarez, árbitro del encuentro), lo que en definitiva le permitiría al Gallo terminar de asumir su rol de protagonista, a pesar de sus falencias, ante el inevitable retroceso de Gimnasia, al hallarse con un hombre menos.

 

Ya en el complemento, la visita retrasaría sus líneas hasta prácticamente el borde de su área grande, cediéndole a Morón pelota y espacio, control del desarrollo que el Gallo afrontaría con saludables intenciones y mucho vergüenza deportiva para empujar a su rival contra Tomás Marchioli, golero mendocino, aunque sin claridad, ni variantes, ni sorpresa, lo que iría en desmedro de su dominio territorial, al repetirse demasiado y en consecuencia, tonarse previsible en su ataque.

 

Por momentos, el manejo del balón, lento y lateralizado, asemejaría a aquellos movimientos más propios del hockey sobre césped, cuando un equipo maneja la "bocha" y la impulsa de un lado para otro de la cancha, fundamentalmente para ganar confianza en su dominio y sentirse seguro consigo mismo y su juego asociado.

 

Pese a la referida falta de ideas, de sorpresa y previsibilidad de sus movimientos ofensivos, el Deportivo Morón contaría con otras tantas posibilidades de obtener la ventaja, un par de ellas en los pies de Junior Mendieta (quien más desequilibrio generaría, en especial con sus diagonales desde la derecha) y otras tantas en sendos cabezazos de Facundo Pumpido, uno de ellos que habría de salir apenas ancho sobre el travesaño, y cuando Marchioli sólo podía observar y "rezar" para que no se cuele en el ángulo.

 

Con el correr de los minutos, y el cero inalterable en el arco de Gimnasia, un poco por falta de "liga" y mucho por la ausencia de ideas y variantes en ataque, Otta enviaría a Matías Pardo por Damián Akerman, para que desborde por el costado (corriendo a Junior hacia el centro, casi como "doble 9" junto a Pumpido), y más tarde a Gerardo Martínez y Nisim Vergara, en su debut absoluto en primera, en reemplazo de Nizzo y Nicolás Martínez, respectivamente, casi en un intento desesperado por "quemar las naves".

 

En esos últimos minutos, y a pesar de los nervios y la ausencia de respuestas futbolísticas, como ya ocurriera ante Platense en Vicente López, el ingreso de Gerardo Martínez (a los '20 del segundo tiempo) le daría al equipo esa cuota de fútbol de la que adoleciera en los restantes '75, generando una sociedad interesante con el otro Martínez aún en cancha, Román, e incluso "bancando" como único "volante central", un par de "estocadas" finales de la visita, en sus contadas incursiones en terreno contrario, durante todo el complemento.

 

Por desgracia, y a pesar de los intentos, aún repetidos y previsibles, Morón no lograría quebrar el cero en el arco de Gimnasia y terminaría quedándose con un punto, de inocultable sabor a poco, con el arco en cero propio y la actitud en el "haber", pero el fútbol asociado, las ideas y la contundencia, nuevamente en el "debe".

 

Con dos unidades sobre doce posibles, y un gol en cuatro partidos, con tres encuentros en fila sin "gritos", el Morón de Walter Otta necesita hallar respuestas concretas y urgentes, para el próximo compromiso ante Villa Dálmine en Campana (del sábado 29 del corriente a las 15:30), porque si bien recién trascurrieron cuatro fechas, en un torneo de 24 jornadas, el "tren" del campeonato pasa muy rápido y nadie quiere volver a mirar la tabla de los promedios, aunque en esta oportunidad (por fortuna) se trate de un solo descenso entre los directamente afiliados.

 

No nos "comió" el "Lobo"..., pero casi. Aunque, en este caso y parafraseando a Thomas Hobbes (filósofo del siglo XVIII)..., "el Gallo sea el Lobo del Gallo" ( y no sólo dentro de la cancha).

 

 

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