NOS "TAPO EL AGUA"



En una destemplada noche de septiembre, en la que regía desde horas antes un alerta meteorológico para el Area Metropolitana, con abundante cantidad de lluvias, tormentas eléctricas, fuertes ráfagas de viento y hasta la posibilidad de caída de granizo, el alerta más inquietante lo daría el Deportivo Morón dentro del campo de juego, "ausente sin aviso" del "Ciudad de Vicente López", con una de esas derrotas que calan profundo y duelen, en presencia de un equipo sin respuestas futbolísticas ni rebeldías anímicas.


En efecto, y cuando creíamos que habíamos "tocado fondo", en la caída dentro y fuera del Nuevo Francisco Urbano, ante Almagro, el último 3 del corriente, nos equivocamos feo, porque este equipo de la ilusión en la previa y la decepción hasta el momento, resultaría capaz de jugar aún peor que frente al "Tricolor" de Villa Raffo, profundizando el desorden, el desconcierto y la falta de ideas individuales y colectivas, que encendieran las alarmas hace quince días en el Oeste, y que en la noche de Vicente López, los malos presagios meteorológicos nos "taparan de agua", de lluvia y de la que generan en la esperanza, la falta de certezas de un equipo apático, abúlico y perdido dentro de la cancha.


Luego de la imagen desdibujada con Almagro, el exigente desafío de un rival y un escenario siempre esquivos, como Platense en su casa, podían resultar el compromiso ideal para empezar a relucir la "chapa" de candidato, adquirida en la previa a fuerza de nombres propios, mostrando un funcionamiento más "aceitado", luego de quince días de preparación entre un partido y otro, debido a la "fecha FIFA" del pasado fin de semana, y al parate oficial que obligara la misma.


Sin embargo, y más allá de unos primeros minutos en los que el once de Walter Otta (con Junior Mendieta de arranque, en lugar de Matías Pardo), intentara presionar a su rival más arriba y le disputara "mano a mano" el control del mediocampo, evidentemente, Fernando Ruiz, técnico local, habría de tomar debida nota de las debilidades desnudadas por el "Tricolor", hace dos semanas en el Nuevo Francisco Urbano, puesto que aplicaría la misma "receta" sin solución, a partir de la cual Almagro comenzara a llevarse el pasado encuentro, utilizando la franja derecha de su ataque, duplicando la atención de Nicolás Martínez, entre el desequilibrio de Cristian Amarilla y las punzantes subidas del lateral diestro, Nicolás Morgantini.


Así las cosas, cuando poco y nada había pasado en el desarrollo, aunque Platense asomara más ordenado y convencido de su "libreto", a los '22 de la etapa inicial, el referido Morgantini habría de desbordar a "Nico" Martínez (muy solo en la contención de su punta y constantemente sometido al "2-1" rival), para habilitar el ingreso al área de Agustín Palavecino, detenido en su carrera de manera imprudente, por un Emiliano Mayola que lisa y llanamente se lo "llevaría puesto". Primer penal de la noche, bien sancionado por Yael Falcón Pérez, que el "eterno" Daniel Vega cambiaría por el 1 a 0 de Platense.


Y a partir de ese momento, el rumbo del partido cambiaría totalmente, dado que la poca e inicial oposición exhibida por la visita, habría de ir desapareciendo paulatina e irremediablemente, sumergida otra vez, como ante Almagro, en el "mar de dudas" que provocaría la apertura del marcador en favor del rival, que con poco, pero muy poco, más que una cuota de orden y otra de paciencia y tranquilidad, habría de justificar el triunfo parcial al cierre de la primera etapa.


Ya en el complemento, y mientras en el cielo arreciaba la lluvia y fulguraban los rayos, hasta hacer iluminar el "Ciudad de Vicente López" y sus alrededores, a contramano, dentro del campo de juego, el Gallo se iría apagando con el correr de los minutos, evidenciando nuevamente, al igual que en varios pasajes ante Almagro, un equipo carente de "brújula", deambulante y sin rumbo, ni mucho menos rebeldía, para suplir su alarmante falta de fútbol e ideas, con una dosis mínima de arrebato emocional, como para apurar a su oponente y cuanto menos, ponerlo en apuros.


Con Facundo Pumpido en cancha, desde final del primer tiempo, por la salida de un lesionado Diego Cháves (presumiblemente desgarrado en su posterior derecho) y en franca deuda futbolera desde su arribo, Morón volvería a mostrarse endeble y permeable en defensa, con otro partido para el olvido de Sebastián Martínez y Emiliano Mayola, y apenas discreto de Nicolás Martínez y Maximiliano Paredes, prolongado en una línea de medios sin quite ni juego, con un aporte de escaso a nulo en todos sus protagonistas, desde Matías Nizzo, pasando por Gastón González y Junior Mendieta, hasta llegar a un desconocido Román Martínez, de quien más depende este equipo y consecuentemente, del que más se espera, y pese a tener la situación más clara y esporádica para el empate, volviera a mostrarse incómodo y "ausente" en el campo de juego.


Sólo Nicolás Ramírez habría de salvarse del "naufragio", aunque sin el nivel de otros encuentros, emparejado "para abajo" en el andar "a tientas" de un Morón impensado y sorpresivo (para mal), que parece además de todos sus problemas tácticos e individuales, no encontrarle la vuelta al arco de enfrente, mostrando hasta la fecha una ofensiva tan improductiva y falta de variantes, como elocuente en sus números: un gol en tres partidos, el del debut, de Román Martínez.


En ese contexto, a falta de '10 y con el conjunto de Otta jugado en ataque, con vergüenza y sin fútbol, no sería de extrañar que tras un tiro de esquina a favor, de la contra surgiera la corrida de Cristian Amarilla, rumbo al mano a mano con Julio Salvá, que un empujón ("finito" e imprudente, pero empujón al fin) de Gastón González, determinase la acertada sanción del segundo penal de la noche y la expulsión por último recurso del volante visitante, remate que ejecutaría Cristian Tarragona, para el lucimiento personal del arquero del Gallo, tal vez el único punto destacable de otra noche "oscura", donde el "1" de Morón, con el penal contenido y alguna otra atajada, pareciera haber comenzado el camino de retorno de la confianza, rumbo a su mejor nivel de "Copa Argentina" en 2017.


Ya en el descuento, otra réplica letal de Platense, pero con los protagonistas invertidos, respecto de la jugada anterior, terminaría con otro penal (el tercero y bien cobrado, mal que nos pese), entre burdo e infantil de Sebastián Martínez, en perjuicio de Cristian Tarragona (se le "colgó" en el área, propio de la impotencia), para que esta vez, Cristian Amarilla, quizá el mejor de la noche de Vicente López, convirtiese el 2 a 0 y sentenciase la historia.


Con el pitazo final de Yael Falcón Pérez, se generarían algunas escaramuzas entre los jugadores visitantes y algún integrante del cuerpo técnico local, en un incidente no demasiado claro, que más allá de cualquier situación puntual, no hiciera más que poner en evidencia, la impotencia de un Morón, "peleado" consigo mismo e incapaz de hallar respuestas a su múltiples dudas, errores y defectos.


Con Gimnasia de Mendoza por delante, el próximo lunes 24 del actual, a las 15:30, en el Nuevo Francisco Urbano, todo haría indicar que no queda más que mejorar, luego de una actuación tan decepcionante, aunque visto la transición de Almagro a Platense, no estamos tan seguros si no sería posible empeorar aún más.


En una noche de alertas meteorológicas, las alarmas más inquietantes se encendieron en el campo de juego y al Gallo en definitiva, "lo tapó el agua" (y no de lluvia, precisamente).



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