MORON Y SU NOCHE "NEGRA"

4.9.2018

 

La expectativa en los días previos al primer cotejo de local, frente a Almagro, por el Torneo de la Primera "B" Nacional, en su temporada 2018/2019 (la segunda del Deportivo Morón, en el regreso a la categoría tras 17 largos años de ausencia no deseada) había sido realmente grande, con nada menos que casi 500 socios nuevos, desde lo institucional, y en el plano futbolístico, con las buenas sensaciones que dejara un empate en uno, ante Central Córdoba en Santiago del Estero, con un correcto primer tiempo del equipo de Walter Otta, y un punto final con sabor a poco, en el balance de los '90.

 

Asimismo, en este último plano, el Gallo había abandonado el seco Santiago con dos grandes incógnitas dentro del campo del juego, una de ellas consistente en el nivel evidenciado por Julio Salvá, a quien se lo notara raramente dubitativo y con un grado de responsabilidad en el tanto de la igualdad de Javier Rossi, así como su falta de coordinación con la última línea de Morón, en especial de los centrales, a partir del errático desempeño de Sebastián Martínez, otro de los que nos acostumbrara a actuaciones brillantes, durante el torneo pasado, con una solidez y nivel pocas veces vistos, por lo menos en los últimos tiempos, en la zaga del Deportivo Morón.

 

En el extremo opuesto de los rendimientos individuales, el debut de otro uruguayo, Diego Cháves, también habría de dejar inconsistencias, no sólo por la falta de oportunidades frente al arco contrario, sino por su flojo desempeño como referencia de punta, dentro de un esquema de Walter Otta que obliga a un desgaste extra al "nueve" de turno, y en ocasiones a retrasarse más de la cuenta, para poder tomar contacto con el balón, antes de volver a "chocar" con las ásperos defensores rivales, en una "soledad" que a veces conspira con las aspiraciones ofensivas de conjunto.

 

Con todos estos interrogantes y la gran expectativa referida, el Deportivo Morón iniciaría su noche "negra" en el Oeste, ante el siempre complicado "Tricolor" de Villa Raffo, que provenía de una victoria de local frente a Chacarita, con una particularidad que debió habernos advertido, de entrada nomás, que no asistiríamos a una jornada normal y de las más felices en el Nuevo Francisco Urbano: por un inconveniente no previsto, en el grupo electrógeno de la televisación, el partido daría inicio poco menos que "a media luz", tal como resultaría el desempeño posterior de Morón, en el campo de juego.

 

Nervioso e impreciso, quizá por demostrar ante su público que la expectativa reinante contaba con asidero futbolístico, al equipo de Otta le costaría afirmarse en su propio terreno de juego, con muchas dudas en todas sus líneas y una endeblez defensiva, que habría de profundizarse con el paso de aquellos primeros minutos.

 

Del otro lado, el once de la dupla conformada por Favio Orsi y Sergio Gómez, apelaría a su orden ya conocido para apropiarse del balón en el medio, a partir del buen trabajo de Ariel Piovi, y con argumentos elementales aunque eficaces, empezar a complicar a la última línea local, a partir del buen manejo de Damián Arce y la explotación de la franja derecha de su ataque, comenzando por Nahuel Basualdo, su lateral diestro, pasando por Iván Ramírez y prolongándose finalmente en la rapidez de Mariano Puch, para sorprender a Morón por el andarivel de Nicolás Martínez, y abastecer de pelotazos cruzados en búsqueda de Joaquín Susvielles y Leonardo Acosta, sus referencias de punta.

 

En el Deportivo Morón, un Román Martínez demasiado retrasado no lograba hacerse del balón para administrarlo en beneficio local, mientras Gastón Gonzalez debía resignar su capacidades de primer pase ofensivo para recostarse sobre la banda izquierda, a fin de colaborar, al igual que Nicolás Ramírez, de retroceso constante, en la contención de una franja derecha monopolizada por el visitante, que comenzaba a intuir que con sólo un poco de presión alta y los centros cruzados desde el costado, alcanzaban para complicar a una defensa que "amenazaba" con su peor noche.

 

Así las cosas, sin la pelota en los pies, primordial para un equipo que juega bien y necesita del dominio de las acciones, Almagro se animaría a apretar a Morón cerca de su área, lo que determinaría que el Gallo jugase el partido cada vez más lejos del arco visitante, y con sus volantes más preocupados y ocupados en la contención, que en la generación de juego, con Matías Nizzo casi como un quinto defensor, ante las vacilaciones de un Morón francamente desconocido.

 

Sobre los '17 de la etapa inicial, una falta sobre el vértice izquierdo de la defensa de Morón, le permitiría a Damián Arce ensayar un envío con "rosca", a media altura, ideal para el ingreso de frente de sus compañeros, ante lo cual Julio Salvá intentaría anticiparse a tal alternativa, aunque generando un rebote largo y hacia adelante, que Leonardo Acosta capitalizaría para poner en ventaja a Almagro.

 

Dentro de un desarrollo "chato" e impreciso, quizá la victoria parcial resultaba por entonces un premio excesivo para la visita, puesto que más allá del dominio territorial, no le había generado a Morón más que la jugada del gol, aumentada en su peligrosidad por la errática salida de Salvá.

 

Si algo no necesitaba el equipo de Otta, para aventar las dudas que había generado en el debut, era hallarse en desventaja, apenas superado el primer cuarto de hora de su presentación de local, que sumadas a las dificultades para adueñarse del balón y controlar las acciones, convertirían paulatinamente las dudas en nerviosismo y este último en desorden.

 

Y de ese desorden sacaría provecho integral la visita, en su segunda llegada al arco local, cuando otro centro a media altura desde la derecha de su ofensiva, cruzara toda la extensión del área del Deportivo Morón, ante el estatismo de la última línea (al igual que ocurriese en el empate del "Bicho" Rossi, en Santiago), para que Joaquín Susvielles se anticipe a Sebastián Martínez e impulse el balón lejos del alcance de Salvá, en esta ocasión sin responsabilidad en el 2 a 0 "Tricolor".

 

Con el 0-2 en apenas '24 de juego y el desconcierto general, fuera y dentro de la cancha, con más vergüenza que fútbol asociado, el Gallo le acercaría un poco de inquietud, a un hasta allí, demasiado tranquilo Horacio Ramírez, golero visitante, quien habría de ahogarle el descuento a Diego Cháves, luego de una gran jugada individual del uruguayo, que en velocidad "limpiaría" a un par de defensores, para definir bajo y a la derecha del arquero de Almagro, que respondería con acierto, sacando apenas la punta de su botín diestro para despejar una pelota que tenía destino de gol.

 

De allí y hasta el final de la etapa, Morón apostaría al desequilibrio por las bandas, con un par de buenas intervenciones de Matías Pardo por derecha, y de Nicolás Ramírez por la banda opuesta, de lo mejor que exhibiera el Gallo en un muy flojo primer tiempo.

 

Ya en el complemento, las necesidades del local enviarían al campo de juego a Damián Akerman (por Matías Nizzo), para alternar la posición de "nueve" de área con Diego Cháves, manteniendo a Ramírez y Pardo (luego reemplazado por Junior Mendieta, en su vuelta) como alternativas de desequilibrio por las puntas, al tiempo que el adelantamiento de Román Martínez le aportaría mayor claridad a un Morón, que desde lo actitudinal, evidenciaría una mejor imagen en los minutos iniciales del segundo tiempo.

 

Sin embargo, la falta de ideas, el apuro y el nerviosismo, conspirarían para al menos el descuento del Gallo, a pesar de contar con algunas (pocas) ocasiones para hacerlo, en las cuales faltaría el "puntazo" final, ante pelotas que quedaran "sueltas" en el área visitante, luego de un par de tiros de esquina a favor.

 

Falto de ideas y con el desorden al que lo empujara su propio nerviosismo e imprecisión, el resto del "combo" lo aportaría la flojísima actuación de Ramiro López, árbitro del encuentro, que permisivo por demás, "picaría" el desarrollo más de lo normal y no sancionaría faltas evidentes y algunas entradas fortísimas, que debieron ser sancionadas con tarjeta, incluso con alguna roja por ambos lados.

 

A poco de arribar a la media hora del complemento, y cuando el partido se había establecido en una medianía que favorecía los intereses de un Almagro en ventaja, con muy poco, la atención de propios y extraños se trasladaría hacia afuera del estadio, más precisamente por detrás de la "Platea General, Lorenzo Capelli", donde las detonaciones de los "perdigonazos" policiales y poco más tarde, los gases lacrimógenos, advertirían que la noche "negra" del Deportivo Morón no se circunscribiría sólo al terreno de juego, y que las imágenes de la violencia, aquellas que creímos erradicadas, por lo menos en el Gallo, desde hace un buen tiempo a esta parte, volverían una noche de septiembre, para convertir a los protagonistas en el campo de juego y la derrota parcial, en una simple anécdota ante el retorno inesperado de la barbarie.

 

Minutos más tarde, con el partido detenido, y los efectos de los gases lacrimógenos sobre los asistentes a dicha platea, quienes deberían abandonar el sector raudamente, presagiaban que el cotejo no iba a poder continuar, algo que Ramiro López confirmaría, señalado el centro del campo, luego de no recibir las garantías necesarias del jefe de un operativo, como tantos en la Provincia de Buenos Aires, de costos tan altos como resultados ineficaces.

 

De esta manera, a los '29 del segundo tiempo y con el resultado 2 a 0 para Almagro, con los tantos de Leonardo Acosta a los '17 y de Joaquín Susvielles sobre los '24, ambos en la etapa inicial, el partido habría de suspenderse, mientras afuera continuaban los gases y la detonaciones de las armas de los uniformados, en un enfrentamiento irracional y desmesurado, que un rato más tarde se trasladaría a la salida de la popular local, donde un joven debió ser trasladado en ambulancia, por un balazo de goma en su rostro.

 

En definitiva, un Morón desdibujado perdió dentro de la cancha, ante un Almagro que supo sacar provecho de la dudas de su arquero y su línea defensiva, aunque la derrota más grande y dolorosa se la propinarían fuera del estadio, con el retorno inesperado de una violencia que acarreará, seguramente, sanciones institucionales.

 

Morón y su noche "negra".

 

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