SOBRE ELECCIONES ANTICIPADAS Y PUJAS PERSONALES

8.3.2018

 

Este miércoles 7 de marzo, y mediante un escueto comunicado publicado en las redes sociales del club, el presidente del Deportivo Morón, Alberto Rubén Meyer anunció, por un lado, su decisión de adelantar las elecciones de renovación de autoridades, para el próximo sábado 28 de abril del corriente, al mismo tiempo de dejar implícita su voluntad de no intervenir en la mismas, constituyendo un auténtico y lógico cimbronazo institucional, puesto que se trata de la máxima autoridad del Gallo.

 

El duro revés político sufrido en la Asamblea General Extraordinaria, celebrada el pasado domingo 4 de marzo, convocada al sólo efecto de considerar la adecuación de la cuota societaria, donde el plenario de socios presentes aprobaran una moción de nuevos valores de cuotas sociales, sustancialmente inferiores a las propuestas efectuadsa por la Comisión Directiva, la cual no contara con el aval siquiera mínimo de "manos alzadas" en la convocatoria, sin duda que dejaría una inocultable mella en el ánimo del oficialismo, pero fundamentalmente en el propio Alberto Meyer, quien exteriorizara su enojo y disconformidad al término de la misma, bien propio de su estilo "sanguíneo" y alejado del más elemental sentido del pudor público, del protocolo y la demagogia de ocasión.

 

En mi caso particular, como ex secretario de actas y jefe de prensa de la institución, desbordes emocionales como el acontecido al término de la Asamblea, no constituyen novedad alguna en el modo expansivo y explosivo de Alberto Meyer, quien nos acostumbrara a este tipo de "excesos no recomendables de personalidad", pero siempre circunscriptos al terreno del acontecer del club y jamás irradiados al ámbito personal, algo que es digno de destacar, en contraposición con otros miembros y ex pares de Comisión, quienes nunca demostrarían escrúpulo alguno en traspasar el límite de lo institucional con la más sensible "frontera" de lo individual, y se dedicaran a socavar de manera permanente, la lógica armonía de conjunto que hubiera debido reinar en un cuerpo colegiado, por mezquinas miserias personales, en desmedro de los intereses superiores del club, de acuerdo al mandato encomendado por los socios, a partir del 5 de junio de 2016.

 

Con sus aciertos y errores, tal cual el mismo presidente lo admitiera en el inconveniente comunicado contenido en el canal institucional de YouTube, ha sido sin dudas lo mejor que le pudiese pasar al Deportivo Morón en sus últimos años de vida y de "sobre vida", caracterizados por la mediatización inédita de la institución, con fines políticos partidarios, donde la anterior gestión municipal se arrogara la facultad de incidir y decidir en nuestra política interna, en procura de convertir al Gallo en el último bastión de "resistencia" militante distrital, de una fuerza político-partidaria en franco retroceso en la consideración del electorado local.

 

Del mismo modo, y pese a los esfuerzos de su predecesores por revertir la situación de "calamitosa" herencia, a pesar de haber sido parte del mismo proceso y jamás haber abierto la "boca" en sentido contrario (es más, habiendo optado por hacer uso de una licencia, en lugar de asumir la responsabilidad delegada en las urnas), cinco meses de deuda con el plantel, y poco menos con el cuerpo técnico, que en este último caso derivaría en un juicio laboral en proceso, que le generará un perjuicio económico millonario al club, en el futuro cercano, sin mencionar los actos delictuales a los que debiéramos asistir como testigos y que en perjuicio del plantel, nos retrotrajeran a los años más oscuros de nuestra vida institucional, donde el desgobierno constituía sólo la "punta del iceberg" de un club decididamente a la deriva, Alberto Meyer, el ex presidente de los "berrinches" y el personalismo desmedido, habría de ser el responsable de devolvernos a todos las tranquilidad de una institución alejada de la violencia "barra" y sujeta a derecho, con las cuentas corrientes pagas y haciéndose cargo de una deuda que superaba por "varios cuerpos", la consignada en el acta "apresurada" de traspaso de mando, del 8 de junio de 2016, casi sin documentación respaldatoria a la vista, ni contratos de concesión ya firmados y que comprometían a futuro el patrimonio societario, una vez proporcionados, luego de incesantes solicitudes, junto a planillas de cálculo que detallaban deudas con plantel y empleados desde enero de 2016 y en algunos casos aún antes, habiendo asumido en junio de 2016.

 

Que Alberto Meyer es absolutamente personalista,, está más que claro, y que ello impide una y otra vez el entendimiento y consenso con integrantes de otras agrupaciones, también constituye una verdad irrefutable. Del mismo modo que también constituye un hecho objetivo de una realidad inobjetable, que sólo él es capaz de hacerse cargo de los "desaguisados" ajenos y al mismo tiempo, de sacar a flote un club sumido en la violencia "barra", las deudas cuantiosas y los juicios por impericia o desaprensión, con que nos encontráramos en la administración del club a mediados de 2016, y que durante más de un año se pudieran poner las cuentas en orden y la institución a salvo de los violentos, gracias al suministro de ideas de quienes acompañamos y al aporte de cifras millonarias, salidas de ningún otro lado que el propio peculio de Alberto Meyer.

 

Porque, que Alberto Meyer está "rematadamente loco", a mí no me quedan dudas, puesto que realmente hay que estar muy "loco" para comprometer millones del patrimonio personal para poner de pie a una institución "de rodillas" ante el poder político partidario de turno y los fondos municipales desviados de obras de infraestructura hídrica distrital, al sólo efecto de pagar sueldos de jugadores de fútbol, con dinero de todos los contribuyentes, fuesen o no hinchas del Gallo (pregúntenle al respecto, a los vecinos de Morón Sur que aún se inundan, cada vez que llueve, por el desvío del destino de aquellas partidas comunales).

 

Pretender que una persona de 74 años cambie su forma de ser, con todo lo que eso conlleva de su historia personal, es como aspirar a que nosotros como institución, podamos en el mediano plazo "copiar" el modelo dirigencial de Lanús, cuando hoy por hoy estamos tan cerca de ello, como la Tierra de Plutón, por la falta de grandeza en todos los actores y nuestra incapacidad manifiesta y reiterada en el tiempo, para disimular egos y enconos personales, en beneficio de los intereses comunes y trascendentes de la institución, que declamamos amar, golpeándonos el pecho, y asegurando que somos capaces de dejar la "vida" por ello, cuando demostramos nuestra incapacidad y falta de voluntad para arribar a acuerdos mínimos y supeditamos nuestro apoyo a quien se halla momentáneamente a cargo de la presidencia.

 

En lo personal, me mantuve en silencio todo este tiempo, porque de haber criticado las cosas que me alejaron de la gestión, hubiera sido un acto de demagogia y contradicción intolerable, con una administración de la que formé parte hasta mediados del año pasado y de la que seré parte integrante de sus logros y su errores, puesto que es muy fácil subirse al "carro" de los logros y deslindar las responsabilidad a la hora de las "macanas".

 

Si me fui, es claro que lo hice porque hacía rato que no compatibilizaba con el rumbo mayoritario que la Comisión Directiva le había impreso a la gestión, en mi caso particular, ante la irrupción del grupo económico que comanda el convicto propietario de "Pinar de Rocha", quien auspiciado por nuestro mayor "vendedor de humo" en la directiva, el mismo que desde la Comisión Ad Hoc no generara una  sola denuncia penal ante la estafa generada por la empresa constructora y la gestión municipal anterior, en el proyecto de traslado y construcción del nuevo estadio, y que en su momento tomara la forma de un pseudo "Departamento de Marketing" impresentable, con gente que sabía tanto de Marketing como quien suscribe de física cuántica, y que a cargo formalmente del buffet del club, no hiciera más que desarticular el Departamento de Prensa original, con la venia tácita de la presidencia..., por necesidad... La  misma necesidad que dejara la "herencia" nefasta de quien recurriera al mismo grupo para obtener préstamos, a cambio de la construcción de una "bailanta" en el bajo "Platea Capelli", y que la oposición activa de los socios lo impidiera, aunque no pudiese evitar los condicionamientos posteriores de una compromiso económico ya asumido, y que debía ser "pagado" de alguna manera.

 

Por esas mismas razones, es que me mantuve en un silencio autoimpuesto durante todo este tiempo, ya que de hablar en contra de la gestión, de la cual fuera partícipe durante año y "monedas" y con  la cual tuviese profundas diferencias y las planteara una y otra vez, puertas adentro, hubiese resultado un acto de demagogia imposible de soportar, por mi forma de ser. Aunque, del mismo modo, y ante esta situación, el quedarme callado me hubiese generado el mismo sentimiento de traición a mis ideas y convicciones.

 

En definitiva y para no hacerlo más extenso, comprendo perfectamente a quienes se molestan por el estilo personalista y mucha veces "sordo" del presidente Alberto Meyer. Sin embargo y con todo su abanico inagotable de errores y exabruptos, es el único "loco de atar" capaz de dedicar su tiempo, su salud y su dinero personal en mantener un club de puertas abiertas, sin riesgos reales e inminentes de cesasión de pagos o desfinanciamiento grave, con las cuentas corrientes pagas y los 3 millones de pesos mensuales que requiere este "monstruo" llamado Deportivo Morón, para poder funcionar mes a mes, un fútbol profesional a pasos del máximo sueño de "Superliga". Todo ello, en ausencia de un plan integral de gestión de recursos viable y realista, en una coyuntura nacional que conspira contra las mejoras ideas y las voluntades más loables.

 

En lo personal, si renuncié, fue precisamente para resguardar la buena relación personal que mantengo con un tipo entrañable. Y que, "jodido" e intolerante tal cual es, en lo práctico, hoy constituye el único "loco" capaz de gestionar un club sustentable, serio y previsible a futuro.

 

Ojalá se de cuenta que los socios no tienen la culpa de su decisión, por haber decidido soberanamente en Asamblea, y desde la oposición, quienes lo denostan permanentemente y le domina políticamente cada Asamblea, admitan íntimamente que en las urnas la cosa es absolutamente diferente, para procurar desde la grandeza y la inteligencia de la juventud, dejar de lado los enconos y egoísmos personales para comenzar a "tirar puentes", en lugar de vivir levantando "muros" con el único "loco" capaz de poner la plata que ninguno de ellos estaría dispuesto a dispensar por el club que aman, no por mala voluntad, sino por "cordura".

 

Con un gesto conciliador de cada lado, alcanza y sobra como inmejorable comienzo. Aún (creo) estamos a tiempo.

 

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