AlmaFuerteGALLO

4.12.2017

 

En su penúltima presentación en la actual temporada de la "B" Nacional y en su último compromiso lejos del Nuevo Francisco Urbano, el Deportivo Morón habría de traerse un punto importante para sumar en la tabla de posiciones y de los promedios, pero también desde lo anímico, luego de revertir no sólo la desventaja parcial de dos goles, a falta de '25 para el cierre del encuentro, sino una nuevo "capítulo" de adversidades e imponderables, incluso desde antes del inicio del juego, como la lesión de Emiliano Méndez en el calentamiento, quien debiera ser reemplazado entre los once por Damián Toledo (y su lugar en el banco, por Maximiliano Jerez, que debió colocarse la "pilcha" de jugador, a último momento) y tal y como viene sucediendo desde un buen tiempo a esta parte, el tempranero desnivel de Flandria, en su segunda llegada de cierto peligro y cuando poco y nada había sucedido en el partido.

 

Por todo ello, es decir, por el trámite del partido, donde el Gallo volvería a desnudar una fragilidad defensiva llamativa y preocupante, pero también por el desarrollo del resultado, ante un "Canario" que con escasos recursos y haciendo un uso intensivo de las ventajas de la última línea visitante, habría de colocarse dos a cero, a los '14 del complemento, y al mismo tiempo, por tratarse de un enfrentamiento con un rival directo en la lucha por mantener la categoría, en el siempre duro, difícil y desparejo terreno del "Carlos V", el equipo de Walter Otta se traería un auténtico "puntazo" de Jáuregui, viniendo desde atrás con el "destino" y en la "chapa" parcial del cotejo, unidad que tendrá la ocasión de revalidar y potenciar el próximo domingo, en caso de sumar de a tres ante Guillermo Brown de Puerto Madryn, en el Oeste, para poder irse al receso de verano mucho más aliviado desde lo numérico, y con la perspectiva de recuperar una buena cantidad de "soldados averiados" y hoy "fuera de combate".

 

Como quedara dicho, con Damián Toledo de inicio, después de largo tiempo, por la deserción a última hora de un Emiliano Méndez que ya había sido reemplazado en el segundo tiempo del triunfo precedente frente a Agropecuario (sin Cristian Lillo a su lado, marginado desde la previa, por un desgarro), más Cristian Broggi por la lateral zurdo y Lautaro Formica por delante de él, en posición de volante externo por el sector izquierdo, además de los esperados regresos de Javier Rossi en ofensiva (acompañando a Maximiliano Brito) y de Rodrigo Díaz partiendo desde el banco, el Gallo comenzaría el partido intentando acomodar nuevamente las "fichas", de un "rompecabezas" que se le renueva al cuerpo técnico, semana tras semana, sosteniendo el lógico envión inicial de un "Canario" que, con seis puntos en el torneo, se hallaba tan o más necesitado de sumar que el Gallo.

 

A los '13 del primer tiempo y cuando casi nada había pasado, más que la superioridad territorial de Flandria, por su condición de local y las obligaciones referidas, en su segunda aproximación de peligro al arco visitante, Diego Medina, el "diez" local habría de escapar a la marca, tras recibir un lateral por izquierda y al ingresar al área, en el primer indicador claro de las facilidades que la defensa de Morón otorgaría durante toda la tarde, definiría con un zurdazo potente y esquinado ante un atónito Milton Alvarez, que seguramente jamás debió imaginar un ingreso tan franco y solitario de la figura del "Canario", en especial en aquella primera etapa.

 

Una vez más, como frente a Riestra, Nueva Chicago, Almagro, Instituto, Juventud Unida de Gualeguaychú y Agropecuario, el Deportivo Morón debió comenzar a "remar de atrás", desde prácticamente el inicio del juego, al igual que en la gran mayoría de los encuentros precedentes y citados, intentando asumir el control del balón, por imperio de la necesidad y la obligación, pero con el déficit repetido de no poder contar en el terreno, con sus mejores interlocutores para la generación de fútbol y a partir de ello, el abastecimiento efectivo a sus delanteros, con Gerardo Martínez ausente por un largo tiempo y el "Rengo" Díaz apenas recuperado, o por lo menos de alta médica, aguardando en el banco de los suplentes, sin la "cuerda" imprescindible para soportar los '90.

 

Falto de fútbol asociado y de ideas, además de la ausencia siempre significativa de Cristian Lillo, por lo que representa en el medio, para el quite, y en el retroceso a la hora de la contención, el equipo de Walter Otta, con muchísima dignidad y capacidad de resiliencia para sobreponerse a alguna nueva adversidad, fuera y dentro de la cancha, todos los partidos, la ofensiva del Gallo tendría como principal abanderado desde el fondo, al "Mono" Maximiliano Paredes, también como en los cotejos anteriores, "valiente" para irse al ataque con decisión y criterio e intentar juntarse con sus compañeros, para generar alguna sociedad, como la que finalizara en el empate ante Agropecuario.

 

Con Emmanuel Giménez como el intérprete más idóneo para el primer pase ofensivo, al igual que con el "Sojero", la fecha pasada, sería Leandro Guzmán, decididamente en rol de enlace, el jugador con mayores y mejores aptitudes para generar el desequilibrio necesario, para que la pelota les pudiese llegar de la forma más clara posible y con ventaja de posición, a los delanteros de Morón, pero en especial a un Javier Rossi de gran retorno, con gol incluido, pero de determinante juego y sacrifico durante todo el partido.

 

Sin embargo, y a pesar de la actitud de ir a buscar el encuentro, pese a las dificultades que cada semana se le plantean a este plantel y cuerpo técnico, cada contraataque de Flandria desnudaría la fragilidad y las falencias de una defensa del Gallo que podría haberle ocasionado un nuevo "dolor de cabeza" antes del final del primer tiempo, pero que por fortuna, por lo menos hasta ese momento, entre las acertadas intervenciones de un (por momentos) indefenso Milton Alvarez, y la escasa puntería en el pase al arco de los puntas locales, harían que la visita se mantuviera en partido y hasta contara con alguna chance de empate, como aquella llegada solitaria de Lautaro Formica, de gran despliegue pero impreciso en los pases, que rematara cruzado y desviado desde inmejorable posición.

 

En el complemento, Otta intentaría revertir el 0-1 parcial, con los mismos once de inicio, hasta que a los '13 decidiera el doble cambio de Rodrigo Díaz y Damián Akerman por Cristian Broggi y Maximiliano Brito, respectivamente, y un minuto más tarde, en otra de esas demostraciones de "antipatía" del destino, la mala fortuna o el infortunio, mientras la defensa de Morón se estaba acomodando al intercambio de laterales entre Paredes y Formica, ya sin Broggi en la cancha, Luciano Pons hallaría el hueco ideal por el medio de la última línea visitante, para llevarse sólo el balón y derrotar sin atenuantes a Milton, a los '14 de la segunda etapa.

 

A pesar del nuevo "mazazo" en contra, y con el 2 a 0 en contra, el "Rengo" Díaz asumiría como siempre, el liderazgo de la ofensiva del Gallo, con el talento y al panorama que lo caracterizan, para sobre los '21 del período complementario y luego de un lateral por izquierda, ensayar un gran centro pasado al área del inoxidable Leonardo Griffo, para que Valentín Perales (con dudas en defensa, como el resto de sus compañeros de zaga, pero fundamental en ambos goles y determinante para el resultado definitivo) impulsara la pelota de cabeza, en el segundo palo, para permitir el ingreso claro y franco de Javier Rossi, también de cabeza por el primer poste, para el descuento de la visita y revertir la sensación de partido perdido.

 

De allí en adelante, el encuentro de convertiría en un incesante ida y vuelta, no con el mejor fútbol, pero sí con las intenciones más saludables de ambos lados, uno para definir el leito con el tercer tanto, y el otro en la búsqueda de un empate, hasta minutos antes de difícil pronóstico, aún para el más optimista. En ese devenir, el Deportivo Morón la pasaría realmente mal en más de una ocasión, no tanto por los méritos de delanteros y volantes locales, sino por las ventajas y distracciones de la defensa visitante, hasta que sobre los '38 del complemento y en otro centro contra el área de Flandria, nuevamente un doble cabezazo le daría el festejado empate en dos al Gallito, con el frentazo de Valentín Perales, en esta ocasión en rol de goleador, y no de asistidor, como en el descuento.

 

Con el dos a dos en el "Carlos V", el local intentaría salir a "quemar las naves" para recuperar una ventaja que, hasta los '20 del segundo tiempo parecía encaminada por resultado y trámite del partido, generándole un último susto al arco del Morón, con el ingreso de Mariano Puch por derecha, luego de un tiro de esquina, que por fortuna se terminaría perdiendo por encima del travesaño de Alvarez.

 

El pitazo final de Héctor Paletta, de correcto desempeño (tal vez el mejor arbitraje, en estas once jornadas, con rendimientos de regulares a pobres y hasta desastrosos de sus colegas precedentes), llegaría el alivio de un equipo de Walter Otta que sin jugar bien y con grandes problemas en defensa, supo sobreponerse a todos los infortunios y adversidades de una nueva fecha, de un destino "chivo" y "arisco", para llevarse un punto realmente importante para sumar en todas las tablas y en el ánimo de conjunto, al volver de atrás de un 0-2, a falta de '25 para el cierre en Jáuregui, y ante un rival directo en la pelea de fondo por mantener la categoría.

 

Ahora, a recuperar algún otro "soldado", si esto fuera posible, o cuanto menos, "prender velas" para que nadie más se sume a la lista de lesionados, a fin de sumar de a tres ante Brown de Puerto Madryn y llegar al receso estival, mucho más tranquilos y aliviados que hace un par de semanas atrás.

 

"Huevo", garra y corazón, la receta "made in casa" de este equipo, marca registrada de Walter Nicolás Otta.

 

De este Morón, "Duro de Matar", que jamás estará "vencido ni aún vencido".

 

"AlmaFuerteGallo".

 

 

 

 

 

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