UN BUEN PRIMER PASO. UN BUEN PUNTO



Seguramente el viernes 15 de septiembre de 2017, quedará en nuestra historia compartida, como la fecha del anhelado retorno del Deportivo Morón a la Primera "B" Nacional, luego de 17 interminables años de decepciones repetidas, incluido el traumático recuerdo de una experiencia cercana al descenso a la Primera "C", dirimido recién en la jornada de cierre de temporada, gracias a un empate sufrido frente a la Cuarta de Flandria, en Jaúregui, que contuviera "postales" que aún inquietan el alma y lastiman el corazón, como el polémico gol anulado por Ignacio Lupani a los juveniles "Canarios", en el segundo tiempo, y los interminables segundos finales de un Pablo Vacaría reteniendo el balón sobre el banderín del córner rival, para "aguantar" aquél punto que nos devolviera el "alma al cuerpo" y nos asegurara mantener una categoría indeseada y que, sin embargo y ante la alternativa de un descenso a la "C", hubiese significado retrotraernos a una divisional en la que militáramos por última vez en 1980, y que entonces abandonáramos para nunca más volver.Por eso, y más allá del resultado que pudiera darse ante Los Andes en el "Eduardo Gallardón", en la fría noche de Lomas de Zamora, del último viernes 15 del corriente, la historia del Gallo marcará dicha fecha como un hito insoslayable, es decir, nada menos que el final de un aciago período de casi dos décadas de frustraciones y amarguras dolorosas, que incluyeran también las finales perdidas ante Defensa y Justicia y Deportivo Español, pero en especial aquella fatídica tarde de Florencio Varela, que pareció marcar el destino de unos y otros, hasta el pasado bien reciente, por caminos absolutamente diferentes y decididamente antagónicos.


De nuevo en este presente futbolístico de ensueño, tantas veces imaginado por generaciones que jamás habían disfrutado antes, en 27 años de paciente y resignada espera, de la emoción inigualable de una vuelta olímpica, el Gallo retornaba a la máxima categoría del fútbol de ascenso, nada menos que para enfrentar a un viejo antagonista como el "Milrayitas", dirigido por un "viejo conocido" del cuerpo técnico de Morón, como Sergio Rondina, y con varios "ex" en cancha y el banco de suplentes, como Júnior Leandro Mendieta, Ezequiel "Pastelito" Cérica, Mauro Montenegro y, fundamentalmente, Maximiliano Gagliardo, arquero del Gallito en la referida Promoción con Defensa y Justicia, que "jugara a la estatua" ante el tiro libre de Ezequiel Miralles, para el 3 a 3 aún pendiente de explicación lógica, entre los goles siempre presentes de Damián Akerman y las "canchereadas" de papi fútbol de Adrián Guillermo.


Ya en el partido de la jornada inaugural de la temporada 2017/2018 de la Primera "B" Nacional, de entrada el mencionado Cérica tendría la chance insospechada de abrir el marcador, antes del primer minuto de juego, rematando sólo en el área chica, ante la desatención de la última línea visitante, para provocar la primera gran reacción de la noche de ese arquero descomunal que tiene Morón, llamado Milton Alvarez, quien habría de responder con acierto y oportuna sencillez, ante cada ocasión manifiesta de gol que generaría el local, en especial durante el primer tiempo.

En rigor de verdad, al equipo de Walter Otta le demandaría algunos minutos entrar en ritmo de juego, hasta que la pelota comenzara a "descansar" en el empeine siempre criterioso de Rodrigo Díaz, lapso durante el cual no la pasara bien y el local, con bastante poco, le provocara un par de sofocones, mal resueltos por sus delanteros y bien contenidos por el "Superman" del arco del Gallo, Milton Alvarez.

Con el transcurso de aquella primera etapa, el Deportivo Morón comenzaría a imponer su idea de juego, a partir de la tenencia y el dominio del balón, razones fundacionales de su juego colectivo, y que constituyen la impronta indeleble del exitoso y virtuoso ciclo de Walter Nicolás Otta, desde el lado de afuera de la línea de cal.

Así las cosas, con el manejo de la pelota como propiedad de los medios del Gallo, primero Maximiliano Brito, el punta referencia de área que elegiría el cuerpo técnico de Morón para el debut en la categoría, y más tarde Matías Pardo, ambos de buen rendimiento, contarían con chances netas de abrir el marcador en la noche de Lomas, aunque del otro lado y como contrapartida, en un par de pelotas paradas, Julián Vivas y nuevamente Cérica dispusieran de las suyas para adelantar en el marcador a Los Andes.

El cierre de los primeros '45 marcarían la posibilidad de una segunda mitad abierta e interesante, luego de un trámite parejo y entretenido del encuentro, en el período inicial, con oportunidades claras de gol de ambos arcos y una mayor tenencia del balón por parte de Morón que, en el balance general provisorio, le otorgaban una pequeña diferencia en las "tarjetas" de los jueces.


Sin embargo, en el complemento el Deportivo Morón no lograría controlar las acciones como en el primer tiempo, resignando el predominio de la pelota y el protagonismo en un local con pocas "luces" en su andar, a excepción de lo que pudiesen aportar nuestro conocido Júnior Mendieta y el "diez" del "Milrayitas", Gabriel Sanabria, de lo "mejorcito" que ofreciera al espectáculo futbolístico un Los Andes módico y que pareciera (prima facie) no llamado a pelear por grandes cosas en el torneo que se inicia.


A pesar de sus limitaciones o, tal vez consciente de las mismas, Los Andes supliría su escasa cuota de fútbol con sacrificio y despliegue, complicando al Gallo en todo el transcurso de la segunda etapa, aunque sin provocar situaciones de riesgo en la proporción y con la nitidez de los '45 iniciales.


Como consecuencia lógica de este predomino del local, sobre una visita de mejor pie y condiciones para la generación de juego, la segunda mitad mostraría una cara absolutamente diferente, con mucha lucha, pocas ideas y un trámite de juego chato y opaco, que por momentos transitaría los carriles de lo anodino, con un Los Andes propietario del balón pero sin saber qué hacer con ella, y un Morón sin la pelota y por lo tanto, bien lejos del arco defendido por Gagliardo.


El pitazo final de Héctor Paletta descubriría a dos equipos conformes con un punto trabajado e importante para una primera fecha de campeonato, en especial en el caso del Gallo, de regreso a la misma tras larga ausencia y ante la certeza de un torneo corto, de apenas 24 fechas efectivas, pero que determina nada menos que seis descensos, en el marco de una no tan progresiva "re reestructuración" de la Primera División y la "B" Nacional, tras el ensayo y capricho pre morten de un certamen de la "A" con el desatino de 30 equipos.


Porque más allá del resultado frente a Los Andes, en el "Eduardo Gallardón", que a la postre ofreciera un interesante primer tiempo y un punto más que importante para comenzar a sumar en la nueva categoría, subyace una historia que afortunadamente finalizara en la noche de este viernes 15 de septiembre, plagada de recuerdos e imágenes que duelen, en casi tres décadas de fracasos y sinsabores repetidos.


Exorcizado el pasado y amigados con el futuro, el Deportivo Morón comenzó su nuevo camino en la "B" Nacional, en procura de tres nuevas décadas, esta vez de recuperación, expansión, éxito y alegrías deportivas.


Un buen primer paso. Un buen punto.



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